PRESENTACIÓN DEL DIRECTOR DEL COMITÉ ORGANIZADOR

"Jorge Oroz Funes" 

Excelentísimo Señor Presidente del Senado 

Estimados representantes de la Administración, de las instituciones y de las organizaciones empresariales y sindicales 

Presidente de la Confederación de EDUCACIÓN y GESTIÓN, Miembros de la Junta Confederal, amigas y amigos 

     En las dos últimas décadas el término “capital institucional” como conjunto integrado de historia, relaciones y servicios prestados a la sociedad, se ha ido estableciendo en la literatura sociológica. Cabe incluir también en el concepto citado tanto los métodos propios de actuación como los sentimientos de confianza y fiabilidad generados. 

    Es justo y objetivo, junto con nuestra más cordial bienvenida a todos y nuestro más sincero agradecimiento por vuestra presencia en este VII Congreso de EDUCACIÓN y GESTIÓN que ahora inauguramos, hacer un reconocimiento expreso del capital institucional de nuestra organización, herencia acumulada de todos cuantos se suman en un mismo proyecto al servicio de los centros educativos católicos. Por otra parte, a todos nos satisface leer en la Exposición de Motivos de la Ley Orgánica de Calidad de la Educación, el público reconocimiento a la acción de la Iglesia en su labor histórica de responder a la demanda social de la educación en España. 

    Pero no es a la autocomplacencia donde debemos dirigir nuestra reflexión sino a la responsabilidad a la que nos urge el conjunto de desafíos y oportunidades que se presentan en una situación de complejidad creciente. Como expresa el lema que preside este VII Congreso, la sociedad, las instituciones, las familias, las regulaciones normativas, los avances tecnológicos, los hechos, en definitiva “los nuevos tiempos”, nos cuestionan y nos emplazan a dar nuevas respuestas desde la responsabilidad de la dirección de los centros educativos. 

    En este contexto, de fuerte y creciente dinamismo, las expectativas abiertas en el ámbito de la educación son contundentes y apremiantes. No podemos imaginar un futuro inmediato sin la convicción de los nuevos sistemas y criterios que den respuesta adecuada a lo que la sociedad del siglo XXI demanda. Si siempre hay que saber leer los signos de los tiempos, en feliz expresión de Juan XXIII, mucho más cuando se hace con la responsabilidad asumida de la dirección y liderazgo de un centro educativo. 

    EDUCACIÓN y GESTIÓN tampoco puede hacer dejación de esta corresponsabilidad y quiere, por ello, ofrecer en este Congreso el espacio, el tiempo y la ocasión de formular las propuestas necesarias y posibilitar la reflexión que estructuren vuestra actuación y los procesos directivos. 

    Con confianza y profundidad vamos abordar el análisis y el debate de unas situaciones que cuestionan con especial incidencia el sector educativo, y de una manera especial, el sector educativo católico. No se trata, evidentemente, de dar simples respuestas estratégicas sino de ofertar a la sociedad un modelo educativo confesional y de calidad que, en palabras de Keith Mortimore “promueva el progreso continuo en una amplia gama de logros intelectuales, sociales, morales y emocionales, teniendo en cuenta el contexto socioeconómico del centro, el perfil medio familiar y la motivación hacia el aprendizaje de los profesores. Un sistema escolar eficaz es el que maximiza la capacidad de las escuelas para alcanzar los objetivos previstos. Esto supone adoptar la noción de valor añadido a la eficacia directiva”. 

    Plantearemos en primer lugar la importancia de la comunicación en los centros. Comunicación en su doble vertiente: interna, como elemento aglutinador de los diversos estamentos de la comunidad educativa, y externa o de proyección hacia terceros donde cabe distinguir proyectos educativos diversos, sistemas organizativos varios, pluralidad de estilos o “marcas” que partiendo del común carácter no lucrativo de nuestros centros pretendan, con total legitimidad y competencia, aunar una alta calidad con el servicio a su específica imagen institucional. 

    Estamos hablando de gestión de calidad que no es tanto una terminología ya habitual en el lenguaje moderno como un gran objetivo y proyecto que, si es asumido en todas sus consecuencias, puede revolucionar la organización escolar. Más allá de la tópica oposición comparativa entre los modelos ISO 9001:2000 y EFQM, lo que debe primar es el compromiso encarnado en el propio quehacer de los equipos directivos para revisar, reformular y reimpulsar la gestión y vida del centro mediante la respuesta a tres cuestiones clave:

a)     La Misión o razón de ser del centro: ¿Por qué existe y por qué se pretende que siga existiendo?

b)     La Visión o imagen proyectada en el futuro: ¿Dónde queremos llegar?

c)     Los Valores o identidad específica: ¿Qué principios van a guiar la gestión y la actuación de todos en el centro ¿ 

Todo esto en una sociedad española aceleradamente multicultural que a su vez forma parte de una sociedad aceleradamente inmersa en las nuevas tecnologías de la comunicación y de la información. La multiculturalidad es un hecho consecuente de la globalización que, aunque siempre se ha dado puesto que el hombre es por naturaleza inquieto y nómada, en la actualidad es un fenómeno mundial, de una alta incidencia cuantitativa y con consecuencias económicas y políticas de primer orden. Ya no es posible sostener la tesis que identifica un Estado con una sociedad determinada y con una cultura única. Pensemos que en nuestro país hemos pasado de una población inmigrante de 300.000 personas en 1991 a una de dos millones en el año 2002, lo que supone el 5% de la población total en España. En términos de población escolar se ha pasado de 46.000 alumnos y alumnas en el curso 92/93 a 400.000 en el presente curso, lo que ha supuesto multiplicar por 9 en 11 años esta población escolar no universitaria. 

Aunque es cierto que el sistema escolar se está manifestando como un marco institucional integrador no cabe duda tampoco de las grandes tensiones que se están produciendo así como de las injustas e injustificadas acusaciones al sector de los centros privados concertados. 

En cualquier caso desde el punto de vista del titular del centro, del equipo directivo, del estamento docente y de las familias, la escuela debe repensar su propia realidad en términos y categorías multiculturales, redescubriendo y reconociendo que el cristianismo, desde su origen, se construye en diálogo y convivencia con la alteridad. Por su parte, los Estados del siglo XXI deberían establecer un concepto transnacional de ciudadanía que superase los arcaicos requisitos de filiación, nacimiento geográfico, confesión religiosa o ideología política. 

Pero si el hecho multicultural es una realidad constatable en todos los ámbitos, no lo es menos el contexto empírico de las nuevas tecnologías al servicio de la comunicación, la información y la interrelación. La interactividad, la universalidad de la información, la globalidad temática y la comunicación instantánea conforman las características de la sociedad moderna. Por eso el cambio causado por la informática ha sido catalogado como un fenómeno más importante que la revolución industrial del siglo XIX y el aprovechamiento de las nuevas fuentes de energía del siglo XX. De hecho está transformando las relaciones sociales, comerciales y familiares como nunca en la historia de la humanidad. 

Pero tengamos en cuenta que si queremos dotar a las nuevas tecnologías de un significado de más alcance que el puramente operativo debemos prescindir de universos simbólicos válidos para todos, en toda ocasión y circunstancia, y dotarlas de aquellos elementos específicos que mejoren las relaciones profesionales y la calidad de vida. Pero también seamos conscientes que si ya no cabe desinventar la rueda mucho menos perder la oportunidad de incorporar las nuevas tecnologías a la educación y a la gestión de los centros educativos. En palabras de Gabriel Ferraté en el II Congreso de EDUCARED, celebrado el año pasado, “los sistemas de aprendizaje actuales están en crisis y las formas de educación también. La clave para evitar esto es desarrollar infraestructuras digitales, educar para y mediante la sociedad de la información”. 

A este respecto es llamativo lo que declara el Observatorio Español de Internet en su informe 2002 donde afirma que 220.000 ciudadanos de nuestro país optaron el año pasado por estudiar a distancia por vía telemática. Por su parte Francisco Canals en unas interesantes declaraciones al diario “ABC” el 24 de septiembre, manifestaba que “uno de cada diez universitarios españoles ya no es presencial y ha cambiado el pupitre por el ordenador”. Además es un hecho que prácticamente todas las universidades de España disponen de su propio modelo de “campus virtual” e, incluso, la Universidad Abierta de Cataluña sólo permite seguir estudios por vía telemática. 

Por todo lo dicho Alvin Toffler define la situación actual de la sociedad desarrollada como el “schock del futuro”, consecuencia de la aceleración generalizada de la historia, la interrelación cultural y la globalización de la información. La educación no está al margen de esta realidad. La escuela vive con perplejidad el conjunto de estos nuevos envites y aunque nadie puede predecir el futuro a medio plazo sí está claro la importancia de adoptar posturas mentales y procesos de gestión que asuman con fluidez y flexibilidad la nueva situación en un ejercicio responsable de moderno profetismo. 

Hoy más que nunca la escuela necesita líderes más que gestores. La gestión se interesa por las cuestiones cotidianas para resolverlas con profesionalidad y eficiencia. El liderazgo está preocupado por la visión general del mañana, los objetivos estimulantes, la atención a las personas y a su motivación, la integración de todos en una empresa común. No es fácil ser líder pero se aprende a implementar las condiciones básicas que lo constituyen: confianza en si mismo, visión que va más allá del statu quo, capacidad para transmitir a los demás esta visión, facilidad para diseñar la estrategia de actuación. 

Para desarrollar en profundidad todos estos aspectos contamos con la valiosa colaboración en el VII Congreso de expertos y prestigiosos profesionales y  profesores. Queremos testimoniar nuestro sincero agradecimiento a Carlo Cutropia, Manuel Portero, Antonio Ariño, Félix de Gustín, José Luis Trechera y Aurelio Villa, sin cuya intervención y aceptación entusiasta no se hubiera alcanzado el alto nivel de participación y asistencia en este congreso.  

Agradecimiento que extendemos a las personalidades que gustosamente aceptaron la invitación para participar en los dos paneles debate programados: José María López , Mª Dolores Molina , Joaquín Morales , José Manuel Sánchez Saudinós, Luis Alvarez , Milagros Asenjo , José Manuel Contreras  y Adolfo Navarro . 

Quisiera terminar estas palabras al inicio del VII Congreso con un párrafo de la exposición de motivos de la Ley Orgánica de Calidad de la Educación: 

“La educación se encuentra hoy en el centro de los desafíos y de las oportunidades de las sociedades del siglo XXI. Está siempre influida por el mundo del conocimiento y por el de los valores, por las legítimas expectativas de los individuos y por las exigencias razonables de la vida en común. Pero nunca como hoy ha sido más necesaria la convergencia entre esas dimensiones esenciales de la educación; nunca ha sido tan evidente que calidad y equidad, desarrollo económico y cohesión social, no son elementos contrapuestos, sino objetivos ineludibles, a la vez que complementarios, del avance de nuestras sociedades.” 

Es nuestro sincero deseo que tengáis una feliz estancia en Madrid, una grata experiencia de convivencia y una satisfactoria celebración del VII Congreso. 

A todas y a todos, muchas gracias