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Entrenamiento en habilidades emocionales

1.   Premisa: l a inteligencia emocional como nuevo paradigma educativo

La inteligencia que le van a pedir a un profesional para ser eficaz en su trabajo, a un padre o una madre para formar una familia donde sus miembros sean felices, o a un ciudadano para vivir con sus vecinos y amigos... va a ser una inteligencia emocional. Las capacidades académicas y técnicas serán insuficientes. A nuestros alumnos el trabajo, la familia y la sociedad les pedirá capacidad de iniciativa, persuasión, adaptación, empatía, liderazgo, trabajar en equipo (Goleman 1996 y 2000) (Marina 1996) (Elías et al. 2000).

Un factor de riesgo determinante son los esquemas de dependencia que los niños y adolescentes pueden establecer ante personas “tóxicas” que manipulan, grupos de iguales, esquemas para lograr objetivos, sustancias...La evaluación del Programa “Life Skills Training” (Botvin 1990) ha demostrado que las habilidades para la vida es el modelo más eficaz para prevenir el consumo de alcohol y otras drogas porque mejora la inteligencia emocional de los alumnos y porque mejoran los indicadores de prevención de drogas: se retrasa la edad de inicio en el consumo de alcohol, tabaco y marihuana, aumenta el número de abstemios y disminuye las frecuencias de consumos (Becoña 2003).

Base teórica

Técnica: (Marina 1996 y 1999) (Antunes 2001) (Habermas 1991) (Apel 1985) (Cortina 1996) (Ellis et al. 2002) (Hersh et al. 1988) (Botvin 1990, 1999) (Becoña 1995, 2003) (Kaplan 1986)

Divulgativa: (Goleman 2000) (Goleman 1996) (Pope et al. 1996) (Elías et al. 2000) (Marinoff 2000) (Feliu et al 1992) (Palmer et al. 1992) (Johnson 1999) (Gaja 1996) (Dyer 1986) (Vallés 1998)

¿Por qué es un eje de prevención eficaz?

Una persona autónoma es dueña de sus decisiones, impulsos, iniciativas y renuncias, sabe lo que quiere, se lanza a conseguirlo teniendo en cuenta a los demás, pero sin dejarse someter o manipular.

Es un eje de prevención porque un niño autónomo gestiona los riesgos, los detecta, los limita y los afronta. Toma iniciativas de diversión basadas en criterios y valores personales. Controla sus impulsos emocionales interpersonales. Sabe plantearse pequeños proyectos y metas intermedias para lograrlos, sabe distinguir cuándo algo se aparta de sus criterios, cuándo algo es dañino, bien sea inmediatamente o a la larga.

Una persona con autoestima no teme afrontar los problemas, aprovechar oportunidades o emprender retos, funciona desde esquemas optimistas para interpretar sus capacidades y su alrededor y para generar expectativas sobre sus posibilidades en el futuro, tiene voluntad para esforzarse o renunciar a gratificaciones inmediatas por otras futuras, sabe reconocer y comprender los sentimientos de los demás, sabe tener vivencias afectivas con matices enriquecedores y sabe empatizar escuchando y expresando sentimientos.

Es un eje de prevención porque un niño con autoestima está orgulloso de sus capacidades. Encuentra la fuerza en él mismo, no necesita factores externos. Afronta los problemas con confianza. Acepta las frustraciones. Está satisfecho de sus logros, sin recurrir a situaciones o sustancias artificiales. Se siente motivado para trabajar y divertirse, con habilidades, aficciones y alternativas.

¿Cómo educar la autonomía y la autoestima?

· Dales autonomía para que aprendan a gobernar sus vidas, entendiendo la rebeldía, la trasgresión y la experimentación como actitudes esenciales de la adolescencia.

· Ayúdales a formar su identidad dándoles oportunidades para que se descubran y afiancen en sí mismos.

· Parte de sus cualidades positivas valorándoles sobre todo lo que hacen, sin palabras abstractas.

· Evita evaluaciones de fracaso, atribuye lo negativo a partes concretas que pueden mejorarse, sin hacer juicios de valor globales que transmitan que es un inútil, vago, desobediente o conflictivo.

· Busca formas para transmitir expectativas positivas y exigentes, basadas en sus logros concretos o sus destrezas, buscando sinergias y acuerdos con el claustro y la familia.

2. EDUCACIÓN TEMPRANA DE LA AUTONOMÍA PERSONAL

La autonomía es un pilar educativo

Si una investigación analizase los proyectos educativos que existen en nuestros centros es probable que concluyese que más del 95% de dichos proyectos tienen entre sus objetivos principales “educar a personas autónomas”.

Segundo dato: la autonomía es el único concepto pedagógico donde hay consenso de todos los especialistas, que la consideran la gran herramienta para prevenir futuros problemas como el abuso de alcohol y otras drogas, sexo, sida o embarazos tempranos, violencia, racismo y discriminación, etc.

Tercero: la autonomía personal es la competencia más demandada en el mundo profesional. Se necesitan empleados que aprendan un trabajo y que lo desarrollen sin que tenga que tener un supervisor constante. (Covey, 1989).

¿Cómo definimos autonomía?

Kant fraguó el concepto de autonomía moral que se maneja en la actualidad. Autonomía significa vivir según el código de normas que yo me pongo para mí mismo. Frente al concepto de heteronomía que significa someterse a la norma que viene de fuera.

José Antonio Marina (1997 y 2000) hace un alegato a favor del “proyecto de la autonomía personal”, al que sitúa muy por encima del concepto de libertad personal. Define la autonomía como la capacidad para elegir los propios fines, evaluarlos, justificar nuestra decisión y tener energía para realizarlos.

De la independencia a la interdependencia

La autonomía empieza con una lucha por la independencia y termina con una lucha por la interdependencia.

Si autonomía es elegir y realizar los propios fines, es elegir las liberaciones y también las ataduras que uno quiere. Ejemplos: uno elige realizar su autonomía en una vida de pareja, o en un trabajo comprometido o en una vocación exigente. El concepto de libertad no nos lleva por este camino. El amor filial limita la libertad, pero puede ser toda una culminación de la autonomía personal.

Los proyectos educativos necesitan asentarse en la autonomía

Los proyectos educativos necesitan sostenerse sobre la inteligencia autónoma a la par que sobre la inteligencia compartida. La inteligencia compartida hace que un fin común colme los fines particulares de los componentes. Una pareja inteligente, una empresa inteligente, una sociedad inteligente es la que consigue cumplir las metas propias y personales, ayudando a satisfacer las metas ajenas y compartidas. Éste es el truco para que un proyecto funcione, o sea un fracaso, o se anquilose en requisitos burocráticos, que es peor.

3. Cinco componentes de la autonomía

1. Autoconcepto.

Los estudios muestran que 80% del éxito depende de la personalidad. Conciencia de uno mismo. Motivación y autocontrol son tres de los cinco componentes que forman la inteligencia emocional de una persona (Goleman, 1996). Mejorar la autonomía de niños y jóvenes es la única forma eficaz que se conoce en el mundo para conseguir resultados en la prevención del abuso del alcohol y otras drogas. Vigotsky trazó una línea entre dos grandes etapas de la vida: En la 1ª actuamos mediante "funciones elementales", determinadas por la estimulación ambiental. En la 2ª vivimos desde las "funciones superiores", el control pasa al individuo que gobierna su vida con una regulación voluntaria (Vigostky, 1994). Marina define así la autonomía: "capacidad para elegir los propios fines, evaluados, justificar nuestra decisión, y tener energía para realizarlos" (Marina, 2000). El primer paso para ser más autónomo es adquirir un sólido autoconcepto, que estructure los esquemas aprendidos, proyectos, expectativas y fuentes de energía. El famoso “queso” es una buena metáfora que simboliza lo que deseamos y buscamos en la vida.

2. Memoria autobiográfica.

Somos selectivos con nuestros recuerdos. Nos hacemos dueños de nuestro pasado fabricando versiones manejables del mismo. Construimos la memoria personal cuando aceptamos el pasado, deja de dolernos y se convierte en el respaldo que ilumina el presente. San Agustín decía que la memoria es el presente de las cosas pasadas.

3. Jerarquía de valores.

Podemos felicitarnos porque la educación en valores se haya convertido en el gran consenso al que se agarran las ideologías, religiones e instituciones para hacer diagnósticos sobre las necesidades y los problemas del presente y formular sus proyectos. Pero los valores son un terreno resbaladizo con trampas. Así surgen conflictos en los que el educador recurre al comodín: "Si al menos fueras un poco más como yo, yo no tendría que enfadarme" (Dyer, 2000). Antes de educar en valores conviene fijar qué concepto del "valor" manejamos. Nosotros optamos por el valor como "MOTOR" de las decisiones cotidianas, no como meta ideal o referencia abstracta hacia la que se tiende.

Tres direcciones para educar en valores: 1. Partir de la premisa de que todas las personas tenemos valores, muchas veces oculto. Por lo que aplicar a las personas expresiones como "falta de valores" tiene un alto contenido tóxico. 2. Que la función de la educación es empujar a que cada persona descubra y clarifique sus propios valores, partiendo de la aceptación plural de los mismos y su continua evolución. 3. Que educar en valores no es un género literario de tertulia, debate o ensayo para discutir sobre la humanidad. Es ante todo un espacio de escucha.

4. Habilidades de planificación.

Esta herramienta nos enseña cómo construir proyectos personales en el viaje hacia la autonomía. Partimos del principio: "Si sabes a donde vas es como probablemente llegues" (Palmer y Alberti, 1992). Debemos empezar por clarificar nuestras expectativas y tener a mano mecanismo frecuentes y activos para generar expectativas.

Algunas habilidades de planificación imprescindibles: 1. Distinguir entre valores finales y valores instrumentales, entre objetivos últimos y metas intermedias.  2. Parcelar las tareas con mucha dificultad en micro tareas más manejables. 3. Jerarquizar la urgencia o importancia de las tareas y situarlas en momentos psicológicos adecuados. 4. Secuenciar tareas en el tiempo y planificar su realización. 5. Emplear habilidades de comunicación para pedir información o ayuda.

Habilidades éticas.

La ética está ausente en los tratados de inteligencia emocional, aunque todos admiten que al final es el talante moral de una persona el que define su valor familiar, laboral, interpersonal e intrapersonal. Una acción no es más moral en función de su aprobación por otros o por su conformidad con una regla, ley o valor. Lo moral es ante todo una determinada relación consigo mismo, que se proyecta en el exterior (Foucault, 1976). No aprendemos a ser moralmente mejores mediante ejercicios de introspección, sino cuando nuestras decisiones entran en tensión con las de otros y buscamos proyectos que en la historia siguen dos rutas: la "felicidad-libertad" y la "justicia-igualdad" (Camps, 1988)

El PPT invita a los alumnos a dar estos primeros pasos para entrenar sus habilidades de Pepito Grillo:

1. Bien común: apreciar el sacrificio personal inmediato en aras de un logro superior global posterior.

2. Voluntad autónoma: actuar con autodeterminación, dependencia e interdependencia.

3. Priorizar objetivos: clarificar los criterios más importantes y subordinar otros menos importantes.

4. Buena vida: saber dirigir las decisiones por criterios y proyectos vitales, sin dejarse engañar, manipular o desviar por espejismo.

5. Conciencia moral: actuar por principios que uno se forja para sí, evaluarse y no permitir ciertas cosas pase lo que pase.

4. La autoestima, puente hacia la autonomía

Con el objeto de aprovechar el gran potencial que tiene educar en la autoestima, tanto para la prevención de riesgos –alcoholismo, drogodependencias, violencia, anorexia, depresión, manipulación...– como para la promoción personal y social, debemos empezar optando entre dos conceptos muy distintos de "autoestima":

1. La que llamaremos coloquialmente "autoestima débil", "americana", "fast food" o dulzona, que se queda en el elogio, autocomplacerse y en ver lo maravilloso que soy yo.

2. En frente tenemos la que llamaremos "autoestima pigmalión", heredera de la tradición psicológica y pedagógica que viene de Vigotsky, donde la autoestima es un aguijón que nos hace ser activos, valientes, exigentes, transformadores y optimistas.

La primera forma de "autoestima" es un zafio producto de mercado, más bien de quiosco o "hipermercado" que tuvo el acierto de servir de catarsis para toda una generación que sufrió en carnes propias un tipo de educación, que algunos anhelan todavía, basada en el principio de "la letra con sangre entra". Estos nuevos padres y educadores se auto ayudan, a sí y a sus hijos, desde el principio: "hacer lo contrario a lo que han hecho conmigo, sea lo que fuere". El hallazgo instrumental para la educación ha sido muy importante: emplear un "lenguaje positivo". Han descubierto que para madurar es necesario mejorar el bienestar emocional y esto se hace elogiando los aciertos de los niños, en lugar de evidenciar los errores. Todo esto es muy importante, y es verdad, pero no toda la verdad. iCuidado! Por este camino corremos el riesgo de crear personas débiles y dependientes de elogios y aprobaciones externas. Estas personas eternamente perfectas, guapísimas, educadas, atentas, obedientes... se vienen abajo al primer temblor de piernas o de tierra.

De forma que la educación en la autoestima puede desembocar en la heteronomía en lugar de la autonomía. Por eso nosotros, antes que por la autoestima, hemos optado por el eje de la autonomía. Autoestima, autocontrol, voluntad y libertad no son fines educativos en sí mismos, sino medios para conseguir la autonomía, que hemos situado como piedra angular que sostiene estructuralmente todo el Programa.

Muchos expertos hablan ya de que el concepto de autoestima está en crisis. Nosotros seguimos defendiendo que la autoestima es un modelo pedagógico revolucionario, más aún para una educación preventiva. Rechazamos un determinado tipo de autoestima débil, pero reivindicamos la segunda generación de autoestima que llamamos "autoestima pigmalión".

5. Educación temprana de la autoestima personal

Salovey y Meyer dieron esta definición: “La inteligencia emocional es un subconjunto de la inteligencia social que comprende la capacidad de controlar los sentimientos y emociones propios, así como los de los demás, de discriminar entre ellos y utilizar esta información para guiar nuestro pensamiento y nuestras acciones”.

La sociedad pide al sistema educativo que eduque la inteligencia emocional

El paso que aún no somos capaces de hacer es asociar el concepto de inteligencia emocional al problema de la voluntad, en lugar de tanto discurso político vacío sobre la necesidad del esfuerzo. Precisamente J.A. Marina empieza El misterio de la voluntad perdida con este tratado pedagógico: “La ciencia ha sustituido la voluntad por un sistema determinista para poder así estudiar la conducta científicamente, lo que me recuerda el comportamiento de aquel borracho que perdió una moneda en la oscuridad de un callejón, pero fue a buscarla debajo de un farol porque allí había más luz”. (Marina, 1997: 16).

La inteligencia emocional es hoy imprescindible para cualquier grupo, equipo o pareja (aquí entran nuestras escuelas y familias). Dice Peter Senge: “Las organizaciones que cobrarán relevancia en el futuro serán las que descubran cómo aprovechar el entusiasmo y la capacidad de aprendizaje de la gente en todos los niveles de la organización”.

Elías dice que la inteligencia emocional es reducir un poco el estrés y aumentar la diversión en nuestras familias y en las relaciones con nuestros hijos.

Los componentes de la inteligencia emocional

Un niño o niña con inteligencia emocional: 1) genera expectativas de logro y minimizan la actitud de miedo al fracaso. 2) Persevera en unos objetivos cuando surgen dificultades. 3) Genera un tipo de compromiso que sabe jerarquizar objetivos y valores superiores e inferiores desde proyectos. 4) Muestra competencias proactivas para emprender los proyectos y terminarlos, desde el esfuerzo y el sacrificio de unas satisfacciones sobre otras.

Goleman sistematiza 5 componentes de la inteligencia emocional, que hemos trabajado en 1º y 2º de Ed. Primaria y que seguiremos trabajando en 1º y 2º de ESO: 1) Conocimiento de uno mismo. 2) Autocontrol. 3) Motivación. 4) Empatía y 5) Habilidades sociales.

Para lograrlo es necesario apostar por una pedagogía positiva, donde el educador (en la familia y en la escuela) presupone que para lograr resultados, mejoras o cambios se consiguen mejor reforzando lo positivo que machacando sobre lo negativo.

Otro foco educativo es trabajar por que nuestro alumnos aumenten su alfabeto de sentimientos, para que aprendan a identificar más matices afectivos y logremos que tengan mayor expresividad emocional.

6. Cinco componentes de la autoestima

1. Autocontrol.

No nos parece apropiada la pedagogía que predica el control de los impulsos internos, si después pedimos que exploten todo su potencial oculto para que sean creativos. Además ellos viven en un mundo que parece un gran spot publicitario con un claro mensaje vitalista, de forma que no podrían entender nuestros mensajes si están codificados con otro lenguaje. El autocontrol nos parece importante, pero su aprendizaje debe venir de la autorregulación de los impulsos que solemos manejar con las personas que nos rodean. Técnicamente, y han sido los filósofos quienes lo han dicho antes que los psicólogos, está demostrado que la introspección no conduce a nada fiable. Es excesivamente maleable y poco fiable para que se aplique en los primeros estadios pedagógicos, aunque sea imprescindible en los siguientes estadios de madurez. Así pues proponemos pasar del “autocontrol egocéntrico” al “autocontrol interpersonal y emocional”.

 2. Autoestima personal.

Aprenderemos la pedagogía del optimismo para crear personas fuertes, motivadas, activas y emocionalmente positivas, sean muchos o pocos los fracasos. Una vez más la autoestima es un concepto dinámico, generador de energía para emprender acciones y afrontar retos cada vez mayores, no es un concepto que genera sólo autocomplacencia narcisista y por lo tanto pasividad.

3. Autoestima interpersonal.

Defendemos un aprendizaje social de estructuras tradicionalmente catalogadas como intrapersonales. Si funciona esta dirección positiva que se transmite de forma verbal y no verbal, que sabe contagiar a los demás y afectar a la percepción del mundo, la actitud ante los problemas, la reacción ante imprevistos, será señal de que la autoestima sí es verdad. Por el contrario, si me creo muy maduro personalmente, pero soy incapaz de salir de mi ego, entonces estoy ante alguien con poca inteligencia emocional, o mejor dicho, con alguien poco inteligente, por muy “intelectual” que sea. Revindicamos la pedagogía de la empatía, donde no es suficiente con tomar conciencia de los sentimientos ajenos. Lo importante es “hacer”, relacionarse satisfactoriamente con los otros y expresar los sentimientos y pensamientos sin sentir vergüenza, ni temor.

4. La voluntad.

“La vida es bella” nos enseñó que la voluntad es la capacidad “prestidigitadora” por la que nuestras expectativas son el motor que funcionan como profecías para que se autorrealicen. La voluntad es una estructura mental y emocional dirigida hacia la acción, en todo caso, una estructura que se puede aprender a mejorar.

5. Inteligencia emocional.

Nos parece muy importante transmitir a los alumnos que hay personas que son emocionalmente más inteligentes y otras que son menos inteligentes. Que ellos están en la edad más privilegiada de toda su vida para aprender y crear las estructuras afectivas que van a condicionar el nivel de felicidad de su vida familiar, el éxito de sus estudios, sus expectativas profesionales, la intensidad de sus relaciones y la satisfacción de su vida personal.

7. BIBLIOGRAFÍA básica sobre habilidades emocionales:

·         ALCÁNTARA, J.A. (1990): Cómo educar la autoestima, Barcelona, CEAC (Práctico y sencillo.)

·         ANTUNES, C. (2001): Estimular las inteligencias múltiples, Madrid, Narcea (La autonomía desde las i. múltiples, con pautas adaptadas para cada edad.)

·         BRANDEN F. (1994), Cómo mejorar su autoestima, Barcelona, Piados (Un clásico.)

·         CLEMENS H. BEAN R. Y CLARK A. (1992), Cómo desarrollar la autoestima en los niños, Madrid, Debate (Muy sencillo.)

·         COVEY, S.R. (1997): Los 7 hábitos de la gente altamente efectiva, Barcelona, Paidós (El concepto de independencia e interdependencia.)

·         ELIAS, M. J., TOBIAS, S. E. Y FRIEDLANDER, B. S. (2000): Educar con inteligencia emocional, Barcelona, Plaza & Janés (Discípulos de Goleman.)

·         ELLIS, A., CABALLO, V.E. Y LEGA, L.I. (2002): Teoría y práctica de la terapia racional emotivo-conductual, Madrid, Siglo XXI (La interacción entre el componente cognitivo, afectivo y conductual.)

·         FISHER, R. (2000): Cómo desarrollar la mente de su hijo, Barcelona, Obelisco (Estimulación temprana de hab. de pensamiento desde pequeños.)

·         GAJA, R. (1996): Bienestar, autoestima y felicidad, Barcelona, Plaza & Janés (Sobre autoestima, autocontrol y la adicción a la autocrítica.)

·         GALLEGO, J. Y GALLEGO, M.J. (2004): Educar la inteligencia emocional en el aula, Madrid, PPC (Muy reciente.)

·         GOLEMAN, D. (2000): La práctica de la inteligencia emocional, Barcelona, Kairós (Uno de los clásicos de Goleman, el que más nos gusta.)

·         HERSH, R.H., PAOLITO, D.P. Y REIMER, J., (1988): El crecimiento moral. De Piaget a Kohlberg, Madrid, Narcea (Sobre distintas capacidades evolutivas de cara a la autonomía moral.)

·         MARINA, J.A. (2000): Crónicas de la ultramodernidad, Barcelona, Anagrama (Aterriza mucho.)

·         MARINA, J.A. (2004): Aprender a vivir, Barcelona, Ariel (Por una movilización social educativa.)

·         MUÑOZ-REPISO, M. (2000): Educar en positivo para un mundo en cambio, Madrid, PPC (Por un cambio de mentalidad.)

·         POPE, A.W., MCHALE, S.M. Y CRAIGHEAD, W.E. (1996): Mejora de la autoestima: Técnicas para niños y adolescentes, Barcelona, Martínez Roca (Muy bueno para niños pequeños.)

·         SELIGMAN, M. (2003): La auténtica felicidad, Barcelona, Vergara (Creador de la Psicología Positiva.)

·         SHAPIRO, L.E. (1997): La inteligencia emocional de los niños, Madrid, Zeta (Para los más pequeños.)

·         TORRALBA, F. (1997): Pedagogía del sentido, Madrid, PPC (La autonomía debe desembocar en una experiencia de plenitud trascendente.)

·         VV.AA. (1999): Cómo educar en valores, Madrid, Narcea (Con muchas actividades.)

 

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